Es de las frases que más se repiten cuando se habla de tejido: que tejer es una forma de meditar, que relaja como el yoga, que es una especie de mindfulness con lana. Yo misma la dije varias veces, y después me puse a leer más a fondo.
La frase circula tanto que ya casi nadie se pregunta de dónde salió. Y resulta que sí tiene un origen rastreable y también un asterisco que está bueno conocer. Y lo sumo a este trabajo de aprender más sobre los beneficios reales del crochet en nuestra vida.
Una pregunta, no una afirmación
Yo encontré la frase original encontré en una revisión de la literatura publicada en 2017 por tres investigadoras españolas: Judit Rusiñol-Rodríguez, María Rodríguez-Bailón y Anna Ramon-Aribau en la revista TOG. El documento es mega interesante, incluye su revisión de 4.539 referencias, de las que seleccionaron 13 para el análisis.
Ahí escriben: «Hacer punto reduce la ansiedad y facilita la relajación a través de la experimentación de un estado de flow o ‘flujo’, entendido como la pérdida de la noción del tiempo, tal y como también puede producir la práctica de yoga«.
Qué es el flow, en serio
Aunque suena como si lo fuera, esto del “flow” no es una metáfora. Es un concepto de la psicología que acuñó el psicólogo húngaroestadounidense y profesor de psicología Mihály Csíkszentmihályi (¿cómo se pronunciará esto?), que designa un estado bastante específico: estás tan absorbida en lo que hacés que perdés la noción del tiempo y la conciencia de vos misma haciéndolo.
Si tejés, ya sabés de qué se trata. Es ese momento en que levantás la cabeza y pasaron dos horas y vos sentís como que venís de otro planeta.
Lo importante del flow es que no aparece con cualquier actividad ni en cualquier momento. Necesita una condición bastante precisa: que la dificultad de la tarea esté ajustada a tu nivel de habilidad. Si es demasiado fácil, te aburrís y la cabeza se te va a otro lado. Si es demasiado difícil, te frustrás y aparece la ansiedad, que es justo lo contrario de lo que se buscaba.
Y lo del yoga, ¿de dónde viene?
La comparación de que tejer es como meditar y la relación con el yoga que aparece en la revisión de las tres autoras españolas remite a un trabajo de Claire Croghan, una tesis doctoral irlandesa de 2013 con un título que ya adelanta el tono: «Knitting is the new yoga?». Con signo de pregunta. Allí Croghan comparó dos intervenciones de 15 minutos: un grupo de 25 personas tejiendo y otro de 25 haciendo yoga. Midió presión arterial, frecuencia cardíaca y percepción de relajación.
Los resultados, en orden:
- No hubo una disminución significativa de la presión sistólica en ninguno de los dos grupos.
- El grupo que tejió sí mostró una disminución significativa en la frecuencia cardíaca antes y después de la actividad.
- Tanto el yoga como el tejido aumentaron de forma significativa la percepción de estar en un estado de relajación.
Hasta ahí, bastante alentador. Pero el detalle está en las limitaciones que la propia autora consigna: la muestra era chica, no hubo grupo control y esto es lo importante no se hicieron comparaciones entre grupos. O sea: el trabajo no midió si tejer relaja tanto como el yoga. Midió qué pasaba dentro de cada grupo por separado y lo que encontró es que cada una de las técnicas relaja, pero no las comparó directamente.
Entonces, no es que sea mentira si decimos que tejer es como meditar. Pero el estudio que se toma como base para afirmarlo, no lo afirma. Lo más honesto sería decir: tejer, igual que el yoga, se asoció a un aumento de la sensación de relajación en un grupo de personas. Es menos marketinero, pero más real.
Fuente: Rusiñol-Rodriguez J, Rodríguez-Bailón M, Ramon-Aribau A. "Motivos, efectos y beneficios terapéuticos de la actividad de hacer punto: una revisión de la literatura". TOG (A Coruña), 2017;14(25):217-31.


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